A los políticos chilenos no les gusta competir. No les gusta ver amenazada su cuota de poder y menos perderla.
Y eso es válido para todos los que forman parte del establishment, desde la UDI hasta los socialistas.
La mejor demostración de ello está en que el sistema binominal, según el cual se elige a nuestros parlamentarios, sigue encantando a los bloques políticos mayoritarios y sobre todo a la derecha. Es cierto que no todos los candidatos ganan, pero a la postre, la Alianza y la Concertación sí. Ganan ser las únicas coaliciones que determinan el curso de la vida nacional, junto a la gran empresa y los grupos religiosos poderosos. Ya lo dijo don Nicanor: "la derecha y la izquierda unidas jamás serán vencidas".
Incluso ahora en que se discute la posibilidad de modificar el binominal, comienza a cobrar fuerza la idea de aumentar el número de diputados a 150 y el de senadores a 50. ¿No será mucho? ¿Más dinero de todos para financiar por cuatro y ocho años la vida de más y más mediocres? El argumento para subir la cantidad de cupos parlamentarios es dar a los partidos extraparlamentarios la cabida que hoy no tienen.
¿Y por qué no mejor hacer lo que postulan el cientista político Patricio Navia y el economista Eduardo Engel? Competir. Pero competir duro, de verdad. Es decir: un distrito, un elegido; una circunscripción, un elegido. Así, cada bloque presentaría, supuestamente, a su mejor candidato y sólo uno entre todos los postulantes resultaría electo.
Ello evitaría las elecciones decididas prácticamente de antemano, como las de Eduardo Frei Ruiz-Tagle y Andrés Allamand en los últimos comicios: fueron los únicos candidatos de la Concertación y la Alianza, respectivamente, para obtener la senaduría por la Décima Región Norte. Así, su elección estaba garantizada. De competencia, mejor ni hablar.
Pero han pasado 16 años y el criticado y cuestionado sistema binominal sigue reinando. Si bien la Concertación ha planteado su rechazo en todo este tiempo, tampoco le disgusta mantenerlo. Es más fácil entenderse con un bloque donde al menos uno de los dos partidos tiene posturas más abiertas (Renovación Nacional), que convencer a gremialistas, conservadores, derechistas renovados, comunistas, humanistas, revolucionarios y ecologistas.
Ni hablar de la UDI. Su ex presidente Jovino Novoa ha dicho que éste es un tema que no importa ni preocupa a los chilenos. Que nos debemos ocupar de la delincuencia, el empleo y otras vainas. Seamos claro, don Jovino: a la UDI no le importa la opinión de la ciudadanía ni la diversidad. Ustedes no quieren cambiar el binominal porque los ha favorecido por muchos años, y prefieren mantener al margen del debate parlamentario a comunistas, humanistas y otros partidos y grupos más pequeños.
¿Por qué no podría ser importante diseñar y establecer un sistema más representativo, donde la diversidad de opiniones y visiones acerca de los temas que importan, entre ellos la delincuencia y el empleo, tengan cabida? ¿Acaso no es mejor tener políticas consensuadas por la mayor cantidad de grupos políticos y sociales posibles? ¿No importa la opinión de esos grupos, don Jovino? ¿Le suena el concepto "democracia"?
Dejémonos de mentiras: a la Concertación y la Alianza, con honrosas excepciones, les da lo mismo la representatividad del sistema. Y cuando parecen querer modificar el modelo (no hablemos de sustituirlo por completo, porque la derecha no lo permitirá), surgen las ideas extrañas y, en vez de abrir la parcela a otros, prefieren aumentar el número de terrenos por lotear. Vamos creando cupos parlamentarios. Vamos gastando millones. Y después se nos dice que debemos ser responsables en el gasto fiscal.
Basta. Salgan a competir, gánense el voto con buenas ideas y propuestas y no con el mero apellido (Frei, Allamand). Si a los chilenos se nos recita sobre cómo competir en este mundo cada vez más exigente, aplíquenlo ustedes primero. Sean sinceros, abran las puertas del Congreso a otros discursos y pensamientos, compitan, suden por el voto y dejen de calentar el asiento que se aseguraron por al menos cuatro años.
Ya es hora.